Loading...
null
El Salvador

El último superviviente: el Carpintero Piquiclaro

Por La Prensa Gráfica

Enlace copiado
Enlace copiado

Érase una vez una tierra norteamericana llena de árboles frondosos: pinos, robles, cedros, oyameles, conacastes, ceibas, abetos, ahuehuetes, cipreses y otros tantos gigantes que poblaban montañas y planicies.

Aquellos bosques eran compartidos por tres especies de pájaros carpinteros cuyo alimento favorito eran las orugas de los escarabajos que intentaban aprovecharse de la corteza de aquellos árboles.

Los tres golpeaban los árboles de la misma forma, un doble golpe rápido sobre el tronco, cual tamborilero haciendo redoble. Saltando de árbol a árbol, los tres de gran tamaño y una gran cresta roja, imposible no admirarlos.

Carpintero Piquiclaro (Campephilus guatemalensis)

Uno de ellos, el Pico de Marfil que vivía más al norte, al perder sus bosques en la montaña se movió hacia los árboles grandes de las planicies pantanosas más cercanas. El más grande, el Imperial, al ver que perdía sus árboles logró mantenerse en su montaña que era más extensa que la de su primo del norte.

Y el tercero y el más pequeño de todos, el Piquiclaro que vivía más al sur, logró moverse hacia las junglas tropicales impenetrables donde abundan ceibas y conacastes.

El tiempo pasó y aquellos grandes árboles siguieron siendo talados sin cesar, el bosque se convirtió en campos de cultivo, y la cacería sin control arrasó con la fauna. Aquellos tres carpinteros casi se volvieron un recuerdo borroso en la memoria de quienes los habían admirado y les extrañaban.

Coa Pecho Rojo (Trogon elegans)

Los investigadores les buscaron pero el destino de dos de ellos estaba ya escrito. Al poco tiempo de su redescubrimiento no se les volvió a avistar nunca más. El Pico de Marfil y el Imperial se esfumaron de sus territorios y después de un par de curiosos encuentros confirmados, solo se escucharon rumores, historias y avistamientos sin documentar.

Mientras tanto, la impenetrabilidad de la jungla tropical mantuvo al tercero, al tenaz Piquiclaro relativamente seguro; aún en estos días puede ser visto en esos remanentes de sus bosques que todavía se resisten al pasar del tiempo y la expansión humana.

Sabiendo todo esto y contándoles esta historia a mis compañeros de viaje, salimos en búsqueda del último superviviente. ¿Nuestro destino? El Parque Nacional El Imposible, posiblemente el último lugar donde nuestro Carpintero Piquiclaro habite con relativa estabilidad en la región.

Al llegar, Epifanio, nuestro guía estaba listo y enseguida nos adentramos en su búsqueda. Caminamos hacia la profundidad del bosque y en el camino pudimos ver y escuchar todas aquellas bellas aves del parque. Escuchamos y vimos al Carpintero Lineado, al Oliváceo, y al Frentidorado o Cheje (como le llamamos en El Salvador), pero no teníamos señal de nuestro objetivo. Llegamos al final del sendero, en el sector de Los Enganches, donde descansamos un poco antes de retornar.

Iniciamos nuestro retorno un poco desanimados, y de repente, Epifanio nos pidió que nos quedáramos en silencio. Ahí estaba, ese tamborilero doble en el árbol. Finalmente lo habíamos hallado.

Con mucho cuidado nos acercamos y lo logramos avistar. Era un macho, con su hermosa cresta roja y su característico pico, saltando de árbol en árbol.

Simplemente era un momento especial sabiendo que sus dos primos de Norteamérica ahora están más que probablemente extintos. Teníamos frente a nosotros, en ese bello bosque tan amenazado de El Imposible, al último superviviente, y en bosque cuscatleco.

Pijuyo (Crotophaga sulcirostris)
Mosquero Picogrueso (Megarynchus pitangua)
Zarco (Tolmomyias sulphurescens) Saltarín Toledo (Chiroxiphia linearis)
Copetón Viajero (Myiarchus crinitus)
Chipe Roquero (Basileuterus lachrymosus)
Cabezón degollado (Pachyramphus aglaiae) Izquierda hembra, derecha macho, ambos con nido.
Chacha (Ortalis leucogastra)
Colibrí Pochotero (Heliomaster constantii)
Zarco (Tolmomyias sulphurescens) Saltarín Toledo (Chiroxiphia linearis)
Mirador Cinquera Abierto al público hace 19 años, el parque ecológico Bosque de Cinquera alberga a 146 especies de aves, 29 de ellas migratorias, 99 residentes, tres transeúntes y un vagabundo no migratorio.

 

Acerca del autor

Comentarios

Newsletter

Más especiales

X

Suscríbete a nuestros boletines y actualiza tus preferencias

Mensaje de response para boletines