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Los Chorros hace 500 años: así fueron los inicios del peligroso “callejón del Guarumal” y cómo terminó siendo una importante carretera

Esta es una reconstrucción que abarca desde la época de la conquista, las diferentes transformaciones por las que pasó el callejón del Guarumal y recoge los numerosas dificultades a los que se enfrentaron quienes por ella viajaron o intentaron allanar el camino, hasta llegar a su transformación como la actual carretera Panamericana, principal vía de acceso a la capital salvadoreña.

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Las primeras referencias del camino que dio origen al tramo de la actual carretera Panamericana que se conoce como Los Chorros datan de 1576, cuando el territorio pertenecía al entonces Reino de Guatemala (o Capitanía General de Guatemala) y la ciudad de San Salvador tenía solo unos 50 años de fundación, tras la reciente conquista española del Señorío de Cuscatlán.

Ilustración tomada de la Historia del Itsmo Centroamericano Tomo I

SIGLO XVI (1500)

Desde esa época, al tramo que actualmente conecta los municipios de Santa Tecla y Colón, ambos del departamento de La Libertad, se le denominaba “camino” o “callejón” y más tarde pasaría a agregársele “del Guarumal”, por el nombre de la “aldea del Guarumal” por la que pasaba.

“De allí (de Guaimoco, hoy Armenia) se va a la ciudad de San Salvador por una angostura y callejón extraño (el callejón del Guarumal); pásase yendo por él un río sesenta y siete veces; está a la falda de un volcán grande y de mucha circunferencia; por sus faldas no echa fuego, porque la materia que le causaba se debió acabar. En el tiempo que ardió consumió e hizo tan gran boca, que baja más de media legua y está hondísima, y antes de llegar a lo bajo, hace dos estancias o plazas de la forma de los hornos de cal. De lo más hondo y último sale un humo extraordinario y de tan gran hedor, que ha acontencido que llegándose un español cerca, se desmayase y amorteciese. Desde lo último de abajo hasta lo más alto está lleno de grandes cedros, pinos y muchos otros géneros de árboles y animales”. 

Esta primera referencia es un fragmento del relato de Diego García de Palacio, un español oidor de audiencias del Reino de Guatemala que describió el estado de las tierras salvadoreñas en su Carta-relación sobre la alcaldía mayor de Sonsonate y la región de los Izalcos tras su visita a las provincias en 1575. Sus palabras se encuentran citadas en el Bosquejo Físico político e histórico de la República del Salvador, de Don Manuel Fernández, de 1869.

“Se trataba del que 10 años más tarde Fray Alonso Ponce llamaría el callejón de San Salvador, que luego se conoció como la cuesta de El Guarumal”, señala Ricardo Castellón, doctor en filosofía en historia y miembro de la Academia Salvadoreña de la Historia. 

“Este debió haber sido un camino que atravesaba la quebrada constantemente. Es decir, el camino estaba trazado seguramente por el mismo curso de la quebrada. Entonces había que estarla pasando constantemente. La dificultad se hacía mayor, y más adelante aparece en el relato, cuando en algunos pasajes de ese camino eran inundados por la quebrada. Y se habla en el caso de bestias a las que les llegaba el agua casi hasta el cuello, precisamente en la época de invierno cuando el zanjón se llenaba. Es posible que aquí lo que haya sucedido también es que el tráfico era importante y el paso constante de las bestias por un terreno que posiblemente era muy blando hacía que poco a poco el camino se fuera hundiendo en nivel y que con la llegada de las aguas ese desnivel se inundara”, explica Castellón.

Para 1586, fray Alonso Ponce situaba a “Cutzcatlán” a una legua al occidente de San Salvador. “Y ‘una legua y media’ más allá se llegaba al ‘callejón de San Salvador’ que hoy conduce a Colón”, recoge un trabajo de grado realizado por Carlos Flores, sobre la construcción de la identidad salvadoreña a través fuentes documentales, la memoria colectiva y la cultura material del Cuscatlán histórico.

Los orígenes de la transitada autopista Los Chorros, así como de otras importantes vías de El Salvador se encuentran dispersos y se accede a ellos solo  uniendo las pistas halladas tras la revisión de diferentes fuentes documentales. Ante este vacío, entre 2014 y 2017, Castellón llevó a cabo una exhaustiva investigación para elaborar la "Historia de las carreteras centroamericanas" que en un primer tomo aborda los caminos y carreteras de El Salvador entre los siglos XVI (1500) y XIX (1800) e incluye el callejón del Guarumal. El material aún está a la espera de ser publicado y se encuentra elaborando un tomo dos que abarca el siguiente siglo, el de 1900.

Castellón señala que para el siglo en mención, se podía acceder a San Salvador además de por el callejón del Guarumal, “desde el camino real por el norte viniendo de Quezaltepeque”, cuyo trazo se asemeja al que después fue el ferrocarril que pasaba por el Sitio del Niño. Debido a que este camino era “más derecho” era el principal para el traslado de mercancías.

Volviendo al “camino del Guarumal” este desembocaba en “la Ceiba de El Guarumal”; de acuerdo con las referencias antiguas; sin embargo, “no hay una certeza de dónde podría tratarse” dicha ubicación, explica Castellón. 

“Permitía, una vez superada la cuesta, llegar a terreno más plano y por terreno un poco más generoso enrumbarse a San Salvador. San Salvador era una ciudad muy pequeña pero tenía una importancia relativa sobre todo cuando el cacao dejó de tener intensidad y comenzó a tomar mayor intensidad el añil en San Salvador”, señala.

De finales del siglo XVI, en 1594, se tiene un plano de San Salvador que incluye el camino de El Guarumal y Ateos. Este fue recuperado y elaborado a finales del siglo XIX (1800) por el historiador salvadoreño Jorge Lardé y Artbés. 

Plano de San Salvador en 1594 elaborado a fines del siglo XIX (1800) por el historiador salvadoreño Jorge Lardé y Artbés. Incluye el camino de El Guarumal y Ateos. Fotografía tomada del libro "San Salvador, el esplendor de una ciudad 1880-1930, de Gustavo Herodier.

Durante este siglo, los indígenas sufrieron una considerable reducción de su población producto de la conquista y dominio español, hambruna y pestes como neumonía y viruela presentes en Centroamérica que continuaron en el siguiente siglo. 

Al mismo tiempo, los indígenas fueron los principales responsables del mantenimiento de los caminos, así como su acondicionamiento para el traslado de mercaderías y personas, e incluso el alojamiento de los viajeros y las bestias, señala Castellón.

“Todos los caminos de nuestra región eran originalmente caminos para transitar en cualquier caso por tamemes, cargadores indígenas, pero con el paso del tiempo se fueron transformando al paso de los equinos”, indica.

Los tamemes eran cargadores indígenas.  Ilustración tomada de la Historia del Itsmo Centroamericano Tomo I

SIGLO XVIII - XIX (1700 - 1800)

Es hasta el siglo de 1700 cuando se vuelven a encontrar relatos de El Guarumal, como el del arzobispo de Guatemala Pedro Cortés y Larraz que inició un viaje desde esa ciudad el 3 de noviembre de 1768 e ingresando por lo que ahora es Ahuachapán recorrió en una mula todo el territorio salvadoreño hasta el Golfo de Fonseca para visitar los “113 curatos de su vasta diócesis”.

Durante su viaje, contenido en la Descripción geográfico-moral de la diócesis de Guatemala, describe: “Los indios son los hombres más infelices que ha habido y habrá en el mundo, porque no tienen bienes, ni honra, ni descanso, ni libertad (...) hasta los 16 y aún 18 (años) ni una hilacha llevan en su cuerpo". "Huyen a rancherías dispersas o a las montañas a fin de escapar de la explotación de los alcaldes".

Para 1807, la aldea ya se conocía como la hacienda de El Guarumal y “pertenecía al partido de Opico”. Según la historia en la Alcaldía de Colón, dicho sitio “fue un lugar de descanso de los viajeros que transitaban para San Salvador” y para ese año “se había convertido en hacienda de ganado, lo cual permitió un crecimiento muy importante”.

En el siglo XVIII el comercio se hacía mediante el transporte por carretas y bueyes. Ilustración tomada de la Historia del Itsmo Centroamericano Tomo I.

En 1826, el camino del Guarumal era descrito como “extraordinariamente escabrozo”, según el relato del recién nombrado cónsul general de Holanda para Centroamérica, con sede en Guatemala, Jacobo Haefkens, quien realizó un viaje por la Provincia de San Salvador y lo describió en detalle en su libro 'Viaje a Guatemala y Centroamérica', cuando era presidente de El Salvador don Juan Vicente Villacorta. 

"Así y todo, este extraordinariamente escabroso despeñadero del camino abarca panoramas soberbios por estar las rocas, pese a su aparente desnudez, cubiertas de abajo hasta arriba de árboles. En cierto punto, entre otros, por donde el riachuelo acierta hacer un serpenteo, se ve una especie de palma real en gran cantidad explayarse una sobre la otra ostentando desde la margen del fluvio hasta la elevada cumbre del barranco, un amontonamiento de paraguas naturales. En otra parte cabalga uno junto a una cascada que nace del corazón de las montañas y que se precipita a lo largo de una pared perpendicular de roca negra, desde la altura de unos veinte pies". 

Fotografía de El Guarumal tomada por Jacobo Haefkens en su visita en 1826.

Dicho estracto de Haefkens es retomado en el libro “Santa Tecla. La historia y los cuentos de la Ciudad de las Colinas” de Ernesto Rivas Galiont, quien escribe: “No hay duda de que el diplomático holandés había descubierto lo que años después sería el balneario favorito de los tecleños”.

"Cuando finalmente se vuelve a subir la pendiente es muy escarpada y una vez arriba se avanza como sobre un dique, por entre dos profundos abismos. Pronto se llega a un lindo matorral, de cuyo extremo se extiende una vasta llanura donde hacía poco habían quemado muchos árboles. El rescoldo de las brasas era todavía tan fuerte que, unido al calor del sol, dificultaba la respiración. Esta llanura pertenece a una hacienda, cuyos edificios uno ve frente a sí, a mano derecha. Allí nos enseñaron las pieles de diversos tigres que habían sido cazados no hacía mucho", describió Haefkens, refiriéndose a la hacienda Santa Tecla. Para entonces aún no había sido fundada Nueva San Salvador. Eso ocurriría hasta tres décadas después.

EL TEMPORAL DE 1852

Castellón señala que “en 1852 se habla de un fuerte temporal” que “había afectado los caminos”, siendo uno de estos El Guarumal. “El callejón se había cerrado completamente y resultó costoso abrirlo nuevamente, se decía”.

Dicho temporal ocurrió en octubre y “fue uno de los más intensos” del siglo, según describe Manuel Fernández en el Bosquejo Físico Político e Histórico de la República de El Salvador.

"Los hermosos baños de agua caliente quedaron tapados por los derrumbamientos de las lomas vecinas (...) Los efectos del fenómeno se hicieron sentir en todo el país y los daños causados fueron cuantiosos. El correo de occidente no pudo llegar a la capital porque los caminos estaban intransitables. El callejón del Guarumal que era la salida de la capital hacia el occidente quedó completamente cerrado", se lee en el Bosquejo.

Añade que “en torno a esto La Gaceta señalaba: será muy trabajoso y costoso volver a formar el camino, las rancherías de ese lugar han sido casi todas arrastradas por las avenidas” y daba cuenta de un “temporal espantoso” que “ha tenido en continua alarma a la población durante tres días y tres noches seguidas”. En el siguiente siglo, otro temporal dañaría nuevamente la calle. 

Para el año siguiente, en 1853, “se insistía en la necesidad de hacer un buen camino a Sonsonate pasándolo a un lado de El Guarumal, por la costa, en lo que se llamaba la Hacienda El Zapote, donde se especulaba ya existía un camino viejo y abandonado pero al parecer no se había hecho nada para concretar el proyecto. Dos años más tarde, en el (1855) 55, se hizo un nuevo camino en el lugar conocido como Los Amates para salvar el terrible callejón de El Guarumal, que de una vez sería carretero”, relata Castellón.

EL DEVASTADOR TERREMOTO DE 1854

En 1854  se registró uno de los sucesos que dio un mayor impulso al mejoramiento del callejón del Guarumal. Un fuerte terremoto destruyó el 16 de abril la ciudad de San Salvador y dio origen a la fundación de Nueva San Salvador en la entonces hacienda Santa Tecla. 

El estadounidense Ephraim George Squier, explorador, diplomático y escritor le pidió al dibujante D. C, Hitchcock el trazado de un mapa de Honduras y El salvador, el cual fue publicado en Nueva York en 1854. Lo impulso la creación de un canal interoceánico en el Golfo de Fonseca. El Guarumal ya figuraba en los mapas de esa época.

“(El) polvo ahogaba a los afligidos habitantes, sin encontrarse una gota de agua ni para desalterarse ni para acudir a la multitud de personas medio asfixiadas o acometidas de violentos ataque que por donde quiera reclamaban auxilio, porque las cañerías y fuentes públicas quedaron en el acto rotas o secas... Terrible e imponente era el cuadro que presentaba en aquella fúnebre noche una población numerosa aglomerada en las plazas y puesta de rodillas pidiendo al cielo misericordia a grandes voces, o expresando la desesperación que causa la pérdida de sus hijos y deudos que creían sepultados bajo los escombros…. Un cielo opaco, triste y amenazante, un movimiento ondulatorio bajo nuestras plantas tan fuerte y desigual que no hacía temer cuanto hay de funesto, un olor sulfuroso tan pronunciado e intenso que parecía anunciar la próxima apertura de un cráter, sin ser posible huir porque las calles obstruidas con paredes caídas techos abatidos, maderas, rejas de hierro, etc, ni daban paso ni ofrecían seguridad porque lo poco que no estaba caído amenazaba caer. Tal era el espectáculo de San Salvador la infausta noche del 16", recoge Rivas Galiont en “Santa Tecla. La historia y los cuentos de la Ciudad de las Colinas”.

El Gobierno fundó Nueva San Salvador el 8 de agosto de 1854 y compró el valle de Santa Tecla en 1855, después de que un año antes enviara una comisión de ingenieros a que hiciera una inspección y determinar si era posible fundar la ciudad en dicho sitio. La mayoría de la Hacienda Santa Tecla era propiedad del coronel Juan López.

CONSTRUCCIÓN DE CARRETERA

“Tan pronto se fundó la nueva ciudad, sus habitantes se dieron cuenta de que estaban encajonados en el llano y que no había paso al occidente del país; por lo que para comunicarse con Sonsonate y Santa Ana los tecleños tenían que ir a San Salvador para tomar el 'camino real' que pasaba por Apopa, Nejapa, Quezaltepeque, etc. En vista de ello se dio principio a la construcción de una carretera que pasara por el callejón del Guarumal, señala la cronología de Santa Tecla recopilada por Juan José Contreras Callejas, Mauricio Alvarado Cea Campo y Ángela Margarita Alvarado.

“Como primer paso se dio permiso a una compañia extranjera en 1855 para que talara, aserrara el bosque por donde pasaría la carretera. Acto seguido, se dio inicio a la construcción; sin embargo, la obra llevada a cabo resultó muy defectuosa”, agrega.

Castellón recuerda que para ese año, “la afortunada noticia es que a El Guarumal, se habían asignado, como a otras carreteras, 12 mil pesos”. “Y aquí ya estamos hablando del contexto de la Nueva San Salvador, donde una de las rutas de accesos era el Guarumal. Se daban 50 pesos semanales para pagar a los empleados y operarios que trabajaban en el mantenimiento del camino”, indica.

El proyecto le fue encargado al ingeniero alemán Otón Fisher, director general de Obras Publicas, quien tenía un salario de 100 pesos y también la responsabilidad de "inspeccionar y dirigir la reparación de los caminos” hacia la vieja capital y hacia el puerto de La Libertad, como las obras hidráulicas para introducir agua a la ciudad y verificar que los edificios de la nueva ciudad se construyeran “según arte”, perfectamente alineados y con alturas iguales, señala Galiont.

Sobre las obras en El Guarumal, Fisher envió un informe el 3 de julio de 1856 que decía de la siguiente manera: Ya hace mucho tiempo que se trata de la compostura del camino para Sonsonate. Siendo la parte que pasa por el callejón del Guarumal muchas veces intransitable por las tapaduras causadas por las piedras que vienen con las crecientes, todas las composturas que se realicen en esa parte deben considerarse como transitorias. Lo mismo sucede con la cuesta conocida bajo el nombre muy a propósito del 'desconsuelo'. Esta ha sido compuesta en los primeros meses del año del modo que se ha podido; sin embargo, los primeros aguaceros en este invierno han arruinado otra vez la calle. Nunca se puede pensar que este camino será transitable para carretas como lo pide el interés general y especialmente de la nueva capital. Más no es imposible buscar otro trazo para evitar los inconvenientes del callejón y la necesidad no dejará de conseguir fondos. Para este trabajo se necesitan mozos que limpien los bosques y ayuden en las medidas y nivelaciones y a la vez fondos para pagarlos".

La Cronología de Santa Tecla agrega que “No obstante este informe, se siguió trabajando en la carretera y así, el 4 de noviembre de 1857 el presidente de la república (Francisco Dueñas), en una visita a Santa Tecla, comprobó que la carretera estaba bastante avanzada en su construcción. Sin embargo, debido a problemas económicos el proyecto no se terminaría, y la carretera se mantenía infranqueable”. 

Castellón dice que para el mismo año, ”el Gobernador de Sonsonate declaraba que siendo necesaria la apertura de un camino directo de Sonsonate a Nueva San Salvador se había practicado un reconocimiento en la Hacienda La Joya -que es donde están los nuevos centros comerciales por Nuevo Cuscatlán- al puente viejo del río Sucio, pasando por la hacienda de El Cerro de Piedra y de ahí continuando al callejón de El Guarumal, pero no hubo resultados concretos". “Como siempre había muchos planes”, manifestó.

Mapa de 1858 creado por Heinrich Kieperr, miembro de la Academia de Ciencias de Berlín. El mapa, que incluye El Guarumal, evidencia la existencia de numerosos ríos y sus cauces.

Para 1860, la hacienda El Guarumal, de donde se desprendía el nombre del callejón, contaba con a penas 71 habitantes, de los cuales 42 eran hombres y 29 mujeres, de acuerdo con el libro “Estadistica de Santa Tecla y sus alrededores:1860” de Ignacio Gómez.

El Guarumal aparece a un costado del volcán de San Salvador, en un mapa de 1858 de von Sonnenstern, publicado en la Gaceta del Supremo Gobierno.

Castellón manifiesta que el siguiente año, es decir, “para 1861, el propio (presidente) Gerardo Barrios en su visita al interior de la República había debido atravesar el callejón de El Guarumal y decía: ‘penoso en todo tiempo pero en especial en la época de lluvias. No solo por lo molesto si no también por lo peligroso’. Era una quebrada, con todos esos despeñaderos. Eso que caen a la carretera el montón de peñascos, imagínese cómo ha de haber sido para ĺa época. En 1861 se trabajaba por dejar expedita la carretera de Sonsonate a Armenia para que, si se salva el paso del callejón El Guarumal, puedan tocar carros (carruajes) hasta la capital de la república. Había intenciones para que se hiciera transitable para carretas pero seguía siendo un camino”.

Este pasaje se encuentra en el Diario Oficial La Gaceta de ese año y establece que el Gobernador del Departameto de la Capital, José Escolástico Andino, tenía “el designio de abrir hacia un lado del Guarumal, un camino que sin mayor rodeo evite aquellas penalidades y peligros”. “Dentro de breve se verán los resultados de los trabajos emprendidos ya en ese rumbo”, aseguraba La Gaceta.

Copias de las actas de las sesiones celebradas en Nueva San Salvador en septiembre de ese año y recogidas en la investigación de grado de Sonia Álvarez sobre la Santa Tecla del siglo pasado y su impacto en la sociedad cafetalera, dan cuenta que El Guarumal seguía siendo “una vía bastante intransitable que la municipalidad se proponía activar mediante la apertura de un nuevo camino” y que “tanto el Guarumal como Belén, eran dos haciendas en ese sector, de donde se proponían extraer maderas para construcción y con el camino podía abastecerse la ciudad”. Según la fuente, los terrenos de El Guarumal  eran bien cotizados y un miembro de la élite de aquella época, Ascención García, poseía 58 manzanas en el callejón.

Mientras tanto, en 1862 se continuaban buscando alternativas para no transitar por el peligroso Guarumal. Un informe de Gobernación de 1962 publicado en el Diario Oficial decía que “con el objetivo de evitar el mal paso del Guarumal, hay ya trazada una ruta que se sigue ampliando y presenta todas las probabilidades de un regular camino para Sonsonate”.

DESAPARECE EL “TAPÓN DEL BARRANCO GUARUMAL”

El presidente Francisco Dueñas encargó al ingeniero Ciriaco López el proyecto de apertura de la carretera, para lo que se dispusieron de 160,000 pesos. “El ingeniero López llevó a feliz término el proyecto, pero necesitó de cinco años de trabajo, de 1865 a 1870, habiendo gastado menos de la cantidad asignada. De esta manera desapareció para siempre el que constituía un verdadero tapón en el barranco del Guarumal”, reseña la cronología de Santa Tecla.

Durante ese lapso, en 1866 ya “se informaba de adelantos en el camino”, dice Castellón, y detalla que “rompían grandes piedras para dar al camino mayor anchura”. Para entonces ya podían transitar carretas por el callejón y trasladaban la madera extraída “bosque del Guarumal” para la construcción del Palacio Nacional iniciada el mismo año.

Fotografía del Palacio Nacional en la década de 1920.

“Resulta obvio inferir que la apertura del camino por el Guarumal, debió haber favorecido de cierto modo, el comercio con el occidente y por lo tanto la expansión de la frontera agrícola de Santa Tecla y La Libertad”, reseña Álvarez.

El Guarumal, en un mapa de 1868 hecho por una expedición científica de México organizada por las autoridades de instrución pública de Francia en atención a un mandato expreso del emperador Napoleón III.

Sin embargo, para 1869,  en el Bosquejo de Fernández se señalaba que la barranca llamada Callejón del Guarumal separaba la cadena de colinas costera del volcán de San Salvador y describía que “sus flancos escarpados y peñascosos en lo alto, son bastante tendidos a las faldas; sin embargo, estas del lado del Callejón del Guarumal rematan cortadas perpendicularmente, y al oeste son en parte más ásperas, porque sobre ellas se levanta un gran montón de lava procedente de la última erupción”. 

En ese entonces se relataba la existencia de un lago al interior del volcán de San Salvador. “El borde superior del cráter es desigual y erizado de asperidades, y en el fondo de este existe un lago considerable, cuya figura superficial se acerca algo a la de una cruz de malta. Los altos y escarpados paredones que lo circundan son casi perpendiculares, sin embargo en ellos se presenta un punto accesible para poder descender hasta la orilla del lago”.

EL CALLEJÓN EN 1880

En 1880, una comisión de Guatemala partió rumbo a El Salvador motivada por las noticias de temblores y curiosos fenómenos en el lago de Ilopango.  Y describen: “Tomamos el camino que de la Hacienda de San Andrés va por El Sitio del Niño (vado por el río Sucio) hacia el sur, al pie del majestuoso volcán de San Salvador. Aquí el viajero se siente abrazado por lo ardientes rayos de un sol tropical en la parte anterior del camino desprovisto de una vegetación lozana y abundante, entra en una alameda no inquiere que se dirija la vista se descubren añosos troncos cubiertos de musgo y sustentando entre sus robustas ramas la madeja enredada de mil plantas trepadoras; pequeños arbustos con perfumadas flores, lozanos árboles con frutas silvestres, y completando la armonía de aquel cuadro, la gallarda palmera cuyo elevado penacho blandamente se mueve sobre el resto de la vegetación, destacándose en el azul del firmamento. Estos son los bosques, que cubren los contrafuertes del volcán de San Salvador, que, como los de la costa baja, se ostentan siempre majestuosos y exuberantes, sin que falte su armonía, el agreste concierto de mil aves canoras”.

Y continúa: “La noche nos sorprendió en el Callejón del Guarumal y si bien nos privó de hacer en este interesante lugar algunas observaciones sobre su formación y el carácter de sus rocas, en cambio pudimos contemplar un espectáculo raro y curioso. Al pié de un riachuelo, que baja del volcán de San Salvador, se levanta una pequeña eminencia cortada artificialmente a tajo para dar paso al camino; por entre sus menudas grietas brota escasamente agua y aquella pared sombría y húmeda se nos manifestaba tachonada de millones de puntos brillantes que ora se movían en caprichosas curvas era se reunían emitiendo regueros de luz. Eran innumerables luciérnagas. A las ocho y media de la noche alcanzamos la cumbre y pocos momentos después entrábamos a Santa Tecla o Nueva San Salvador. Esta ciudad, de reciente fundación”.

En su regreso hacia Guatemala, el 11 de marzo del mismo año, describieron: “pasábamos por el Guarumal, un barranco situado al pie del volcán de San Salvador, en su parte sur. Altas paredes de piedras le dan apariencia de un desfiladero y entre sus rocas aparecen al lado Norte pérfidos y traquitos imitando así una estratificación. Rápido es el descenso hasta llegar a la aldea del Guarumal, cuyas chozas están situadas a la margen de un río que serpentea en el fondo del barranco. El camino para Sonsonate pasa hasta Armenia (antes Guaymoco) por hermosos bosques, raras veces interrumpido por pequeñas rancherías”

En esa década, en 1886, el valle del Guarumal se erigió en pueblo con el nombre de Colón por decreto emitido el 20 de agosto por el general Francisco Menéndez, y se anexaron como cantones los valles de Capulín, Ateos y Sitio Viejo, pero se acordó que Nueva San Salvador seguiría gobernando hasta que concluyera el cabildo que se edificaba en Colón.

Mapa de 1886 de la región centroamericana preparado por la Oficina del Jefe de Ingeneria del ejército de los Estados Unidos incluye la hacienda El Guarumal.
Colón fue fundado en 1886, en la Hacienda El Guarumal. Fotografía de mapa contenido en la Descripción Geográfico-moral de la Diócesis de Guatemala.

Para 1888 se continuaban asignando fondos para mejorar esta vía y seguiría así en las siguientes décadas del siguiente siglo de 1900.

“Esto es interesante porque más que El Guarumal, aquí el concepto es el triunfo del progreso sobre la barbarie de la naturaleza. Es un concepto que ahora es completamente adverso frente a la lógica de la ecología, pero el tema es el progreso se podía advertir en la medida que los hombres eran capaces de vencer los elementos y vencer el entorno natural. En ese sentido, allanar, como se llamaba entonces, abrir la carretera, hacerla transitable, allanar carreteras o caminos como Los Chorros resultaba un desafío justificado por el progreso humano”, dice Castellón.

Para 1890, la vía que conectaba Santa Tecla y Ateos ya era considerada una de las principales carreteras del departamento de La Libertad, de acuerdo con el libro Geografía Elemental de Guillermo J Dawson.

Sin embargo, en 1894,  el estado de la calle seguía siendo malo. Un informe de labores del 16 de agosto de la Dirección de Fomento, entonces a cargo de los caminos, indicaba que “encontrándose en muy mal estado el camino que de la Ciudad de Nueva San Salvador conduce a los pueblos de Jayaque y Tepecoyo, y en atención a que en estas poblaciones son de importancia por cultivarse en gran escala el café que constituye el primer ramo de la agricultura nacional, el Supremo Poder Ejecutivo acuerda: nombrar inspector de dicho camino al señor don Enrique Urrutia Suárez, con el sueldo de sesenta pesos mensuales que se le pagarán por la Administración de Rentas de la Libertad.: debiéndose cubrir por esta misma las planillas de los operarios que trabajen en la conservación y reparación de aquella carretera”.

CONSTRUCCIÓN DEL BALNEARIO LOS CHORROS

De acuerdo con Galiont, “la decisión de construir el balneario de Los Chorros fue tomada por la municipalidad (de Nueva San Salvador) el 13 de noviembre de 1896, cuando acordó: "construir un baño público en la fuente denominada 'El agua caliente', designándose al señor síndico municipal doctor (Vicente)  Sol para que inspeccione los trabajos, no pidiéndose invertir en estos más de 300 pesos”.

Los trabajos fueron concluidos el 5 de diciembre de 1896 y se acordó construir “un segundo baño en la misma fuente bajo la inspección del mismo Dr. Sol”.

Menos de dos años después, a finales de junio de 1898, un temporal soterró los baños pero la alcaldía ordenó su recuperación el 18 de diciembre del mismo año.

SIGLO XX (1900)

En 1900 ya se transportaba correspondencia entre Santa Tecla y la estación del ferrocarril de la Hacienda de El Guarumal. Se decía, ‘entregándola en un intervalo de 4 horas en agencias respectivas sea invierno o verano’”, cuenta Castellón.

En 1915 llega el automóvil a El Salvador, lo que empujó la construcción de la red vial de El Salvador en los siguientes años.

Vista de San Salvador desde el cerro San Jacinto. Fotografía tomada de El Libro Azul de El Salvador 1916.

El primer viaje de automóvil de San Salvador a Santa Ana se realizó el 13 de enero de 1917; sin embargo, no se hizo por el Guarumal sino por Quezaltepeque.

Fotografía del periódico de LA PRENSA del 13 de enero de 1917.

No obstante, Castellón señala que la carretera El Guarumal cobró especial importancia ese mismo año después de la erupción del volcán de San Salvador el 7 de junio, cuando se cubrió de lava el camino por Quezaltepeque y El Guarumal se convirtió en la única vía de acceso a la capital.

“El otro período interesante comienza en la segunda década del siglo 20. Para 1925 se continuaba con particular esmero la construcción de vías transitables para automóviles”, agrega, entre ellas la calle entre Santa Tecla y el Sitio del Niño por el Guarumal.  

Anuncio en LA PRENSA del 3 de octubre de 1925, promocionando un "automóvil especial de turismo Dodge Brothers" que "resiste tantos años de recio servicio, sobre toda clase de caminos y carreteras", "abierto al aire libre y la saludable luz solar".

En 1926, un informe de marzo de la Dirección de Fomento publicado en el Diario Oficial en el que se detallaban las obras realizadas esos días en la referida calle mencionaba cortes de 3 por 3 metros y que se utilizaban “todas las tierras en continuar haciendo el relleno de la alcantarillla de tubos grandes”. “Se cantearon 15 m3 de piedra”, agregaba. El personal que trabajaba eran 24 operarios y el valor de la obra era de 497.62 colones.

Otro informe de días cercanos mencionaba que se habían abierto más de 32 metros de calle de 4 por 8 metros y continuado con el relleno de la alcantarilla. “Se acarreó material. Una carreta se ocupó de acarrear arena para estos trabajos”, detallaba. 

En 1929 todavía se utilizaban ruedas de acero para el transporte. Fotografía de anuncio publicado en LA PRENSA.

Más adelante, señalaba que se había heho un “corte en talpetate, rompiendo la calle en 29 por 3.5 m por 14 metros” y “utilizado a la vez toda la tierra que salió en hacer un relleno de dos metros”. Agregaba que se construyeron 1,026 metros de cunetas, esta vez con 28 operarios. 

Las ruedas de acero fueron perdiendo protagonismo y dieron paso a las llantas. Foto de anuncio publicado en LA PRENSA.

En los presupuestos de 1928 al 1931 se destinaron unos 800 mil colones “para la construcción de la red de carreteras nacionales” bajo un contrato otorgado el 19 de octubre de 1925 a los contratistas R. W. Hebard y René Keilhauer.

Anuncio de venta de vehículos publicado en LA PRENSA en diciembre de 1929.

El 30 de junio de 1932 se inició la construcción de la carretera Panamericana, que atravesaría todo el país. En la parte del occidente, sobre el camino antes conocido como El Guarumal.

En esa década, la prioridad era terminar “la calle Panamericana” por sobre la pavimentación de Santa Tecla que llegaron a solicitarle al presidente Maximiliano Hernández Martínez, indica Galiont.

“Cuando finalmente se allanó la carretera de Los Chorros y se dotó de una superficie más resistente fue en los años treinta (...) (antes de eso) la resistencia de las obras era demasiado frágil y había que repararlas nuevamente”, explica Castellón.

OTRO TEMPORAL DESTRUYE LA VÍA

Como en temporales anteriores, en 1934 ocurrió otro que dañó nuevamente la carretera en construcción.  Se le recuerda como “el temporalón de 1934” y se destaca que llovió tanto que volvió a convertir en laguna el Plan de La Laguna en Antiguo Cuscatlán.

Galiont recoge que “durante seis días, del 1 al 7 de junio de 1934, cayeron sobre El Salvador cerca de 500 milímetros de agua, bajo vientos con fuerza de huracán, que causaron una de las tragedias más grandes de este sufrido el país”. Explica que “las precipitaciones promedio durante una temporada de lluvias es de 2,000 milimetros, lo que significa que en esos seis días llovió la cuarta parte de lo que normalmente llueve en seis meses”. 

“La carretera de Los Chorros, conocida entonces como carretera a Colón, queda completamente destruida en virtud de las enormes derrumbes que la han soterrado. La pérdida se estima en más de un millón de colones. También son destruidos los puentes sobre la carretera a San Salvador”, reseña.

El temporal provocó que todos los medios de comunicación terrestres y aéreos quedaran interrumpidos. Además, hubo “poblaciones enteras ‘materialmente barridas’” y “centenares de muertos, cuyo número fue estimado por el Gobierno en más de 10 mil pero la cifra nunca se supo”. “El temporalón, como se llegó a conocer causó estragos en toda centroamérica, pero su furia se concentró en El Salvador”.

EL TRANSPORTE EN LOS CUARENTA

Según Galiont, “en los años de la segunda guerra mundial (1941-1944) escaseaba todo y el transporte y los combustibles no eran la excepción”. Las gasolineras estaban en las aceras.

No incluye pasajes del transporte entre occidente y la capital, pero para tener una idea de cómo era en la época, cuenta que “para viajar a San Salvador (desde Santa Tecla) había ‘camionetas grandes’ y ‘camionetías’” y que “el pasaje en las primeras costaba 15 centravos y 25 en las segundas”. “El servicio de estas era excelente. Si eras amigo del propietario pasaban por tu residencia a recogerte o dejarte”. Sin embargo, “en los años de Martínez el motorista debía entregar en la caseta de control de la policia una lista de los pasajeros que obligadamente tenía que llevar”.

Anuncio publicado en LA PRENSA el 1 de julio de 1932

“Otro medio de transporte mas primitivo eran Los Monchos, carretones tirados por sudorosos hombres normalmente fragantes a alcohol de 90 grados, quienes prestaban servicio de transporte de cargas pesadas…. El hosptial San Rafael transportaba a los difuntos sin nombre en un carretón sobre el cual había un contenedor de lámina halado por una pobre mula casi tan muerta como su pasajero, que veíamos pasar rumbo al cementerio".

Fotografía del libro "Santa Tecla. Cronología" recopilada por Juan José Contreras, Mauricio Alvarado Cea Campo y Ángela Margarita Alvarado.

HISTORIA RECIENTE

Derrumbe en la autopista Los Chorros por el terremoto de 2001. Foto de LA PRENSA/Archivo

Para 2001, la ya conocida como autopista Los Chorros fue soterrada por varios metros cúbicos de tierra durante los terremotos del 2001. Varias personas murieron en dicha vía.

Derrumbe en la autopista Los Chorros por el terremoto de 2001. Foto de LA PRENSA/Archivo

El riesgo de derrumbes siguió permanente con desprendimientos durante temblores y temporales; y en abril de 2017 una piedra de gran tamaño se desprendió por un temblor, causando la muerte de una persona que circulaba en vehículo en ese momento. La vía fue cerrada y realizaron trabajos de mitigación lanzando concreto al talud.

En abril de 2019 se registró otro considerable derrumbe y la vía fue nuevamente cerrada mientras se realizaban los trabajos de remoción de escombros y mitigación de riesgo.

En mayo de 2020, las lluvias provocaron que un nuevo derrumbe soterrara las piscinas en el turicentro Los Chorros, sin que esta vez haya planes de restauración.

Turicentro Los Chorros, en 2012. Foto de LA PRENSA/Archivo
Turicentro Los Chorros, dañado por el deslave tras lluvias en mayo del 2020. Foto de LA PRENSA/Archivo
Turicentro Los Chorros, dañado por el deslave tras lluvias en mayo del 2020. Foto de LA PRENSA/Archivo

Por otra parte, la última intervención significativa que tuvo la carretera se entregó en 2013, con el cambio de asfalto a cemento. Ocho años después, varios tramos de la vía se encuentran deteriorados por hundimientos.

Trabajos en la carretera Los Chorros en 2013. Foto de LA PRENSA/Archivo
Trabajos en la carretera Los Chorros en 2013. Foto de LA PRENSA/Archivo

Para el próximo año, se pretende ampliarla a 8 carriles y construir un viaducto que supuestamente permitiría evadir el riesgo de derrumbes en la vía.

“Las dificultades del mantenimiento de la carretera, increíblemente a pesar de la tecnología han persistido. Ese tema de los derrumbes es persistente. Y ahora tenemos la presión de los vehículos. Igual es un problema de planificación”, consideró Castellón.

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