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Comprendiendo las marchas

El presidente debe preocuparse más por la diversidad de grupos que marcharon, sin comunicación entre sí la mayoría, con poca o ninguna uniformidad, cada cual protestando o reivindicando su causa, su problema, todos tan diversos... que el principal motivo de marchar era contra Bukele.

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Rafael Castellanos - Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Cuando un pueblo sale a la calle a protestar, hay un malestar interno, es como la erupción de un divieso, aflora con pus y dolor, la causa es una infección interna que hay que tratar, no se corrige con intervención superficial, es necesario ir bajo la piel, entender qué sucede y aplicar la medicina curativa, de no tratarlo adecuadamente puede agravarse la condición.

El gobierno debe estudiar y comprender las marchas recientes, hay un malestar profundo que deben estudiar y tratar de entender, "es más pequeña" vs. "es más grande" como juego infantil de percepciones no resuelve nada, es una aproximación superficial que permite que la infección siga profundizando y que los encargados de resolver el problema sigan minimizando el mal y sintiéndose cómodos con la apariencia de que nada pasa.

El gobierno, con Bukele a la cabeza, sin duda se preocuparon, hay dos cosas a las que temen: las redes sociales y la calle, en ambos frentes salieron mal parados. En las redes, especialmente Twitter que es por medio del cual el presidente gobierna, se registró una febril actividad del mandatario el día antes y el día de la última marcha, enfocada su actividad en tratar de minimizar su tamaño, en despreciar su importancia. Igualmente muchos de sus diputados salieron a la palestra en la misma tónica, se vieron mal porque carecieron de originalidad, mostraron que estaban cumpliendo órdenes.

Por el otro lado, el número de tuits al respecto de los diferentes aspectos de la marcha fue inmensamente mayor. Lógico. No era un grupito, sino un amplio sector de la población, era fácil predecir el resultado, simple cuestión de números.

Más relevante fue el resultado de las tendencias en las redes, los hashtags de la marcha, las protestas puntuales, los mensajes que mostraron en carteles los manifestantes, las cosas contra las que protestaban, los humorísticos con que nombraban al presidente gobernaron las tendencias por mucho, eso mostró algo simple pero mal evaluado, un grupo de personas no puede detener a una ola ni a un río con sus manos.

Harían bien en casa presidencial en estudiar el fenómeno tratando de entenderlo, no de ignorarlo ni disminuirlo, el malestar que se manifiesta es amplio, profundo y lo amerita.

El mayor impacto según analistas nacionales e internacionales fue la diversidad, no el número de marchantes, que aunque fueron muchos estuvo fuertemente disminuido por el burdo guion de los dictadores de los ochenta, retenes policiales para los buses que podrían traer manifestantes a la marcha. Fue demasiado evidente y poco efectivo. Algunos los burlaron tomando taxis, otros pick up, el descontento aumentó.

Es difícil detener el agua, siempre encuentra por dónde salir. En los ochenta dormían en la UES, que por las declaraciones lamentables del rector, pareciera que ha cambiado su bando de la justicia al gobierno. Deberían exigirle la renuncia.

El presidente debe preocuparse más por la diversidad de grupos que marcharon, sin comunicación entre sí la mayoría, con poca o ninguna uniformidad, como un brote enorme de varicela, cada cual protestando o reivindicando su causa, su problema, todos tan diversos... que el principal motivo de marchar era contra Bukele. No se había visto ese grado de cohesión espontánea en la sociedad de actores tan diversos al unísono, manifestado contra un presidente con una gran diversidad de temas, muchos de ellos sin conexión entre sí, pero contra él.

Harían bien en casa presidencial en estudiar el fenómeno, no es de barras de estudiantes peleando.

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