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Diez de abril de 1944

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José Enrique Argumedo - Exmagistrado de la Sala de lo Constitucional de la CSJ

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El 10 de abril de 1944 a las 8 a. m. fueron fusilados en el edificio de la Policía Nacional el general Alfonso Marroquín, el coronel Tito Tomás Calvo y el mayor Julio Faustino Sosa. Una hora después lo fueron en el Cementerio General el capitán Manuel Sánchez Dueñas, los tenientes Marcelino Calvo y Óscar Armando Cristales, los subtenientes Edgardo Chacón, Antonio Gavidia Castro, Ricardo Mancía González y Miguel Ángel Linares. El 11 de abril a las 6 a. m. fue ejecutado en el Cementerio General el civil Víctor Manuel Marín. Todos condenados a muerte por su participación en el levantamiento militar contra el presidente de la República Maximiliano Hernández Martínez (MHM).

Un Domingo de Ramos, 2 de abril de 1944, un grupo de patriotas salvadoreños se levantaron en armas inconformes con la decisión de la Asamblea Constituyente del 29 de febrero de ese año, que continuara en el ejercicio del cargo de presidente MHM por otro período más. Era su tercera reelección. El movimiento fracasó, por causas que no se tratarán acá, por ello una semana después el Domingo de Resurrección, 9 de abril, se instaló el Consejo de Guerra que juzgaría a los imputados, no todos militares sino también civiles. La sentencia se dictó a las 2 a. m. del día siguiente, la defensa apeló, la cual fue rechazada por el presidente MHM a las 5:30 a. m., ejecutándose entonces la pena de muerte, 2 horas y media después.

A los defensores se les concedió solo 10 minutos a cada uno para ejercerla. Inútil fue el esfuerzo de ellos: los doctores Manuel Castro Ramírez h., Jorge Castro Peña, Damián Rosales Rosales, Antonio Rodríguez Porth, Guillermo Trigueros, Luis Rivas Palacios y Armando Peña Quezada, cuestionado este último al ser nombrado defensor de oficio de los reos ausentes, por haber sido el diputado que propuso la reelección de MHM. Entre los condenados a muerte, reos ausentes, estaban "el hombre símbolo" del movimiento, el médico Arturo Romero; los abogados Francisco Guillermo Pérez, Julio Eduardo Jiménez Castillo, Salvador Ricardo Merlos, además de don Agustín Alfaro Morán y Juan José Castaneda Dueñas. La lista de los buscados era más larga, entre ellos los tenientes Julio Adalberto Rivera, José Belisario Peña y Rafael Orellana Osorio; los abogados Ángel Góchez Castro y Humberto Costa; y el gran maestro Manuel Farfán Castro. ¿Fue este un caso de pronta y cumplida justicia? Pronta la sentencia sí; pero no con un debido proceso, luego no justa.

Con lo delictivo que era oponerse a MHM, el estudiantado universitario se mostró presente para enfrentarlo. No era un simple desear que cayera, sino que construyeron un plan aliados con otros sectores, que culminó con la huelga de brazos caídos. No se dieron más tragedias de sangre de patriotas derramada. Se fue quedando solo el presidente, buena parte de sus ministros renunciaron y él mismo firmó el 8 de mayo su renuncia al cargo, con el júbilo de los salvadoreños, como informaron los periódicos de la época. Ya no le valieron los 334 mil votos de 1935, ni los 219,810 que citó en su mensaje presidencial de 1939. La justicia prevaleció, pero no aplicada por él, sino contra él, con las jornadas de mayo de resistencia pasiva, que abrió las puertas a la democracia en el breve período presidencial de Andrés Ignacio Menéndez, hasta octubre de ese 1944, que las cerró de nuevo Osmín Aguirre y Salinas.

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