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La degradación de las redes sociales

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Óscar Manuel Batres B. - Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Uno de los hitos que marcará la historia de la humanidad será la irrupción y la penetración de las redes sociales en el mundo en los primeros años del siglo XXI. Es indudable el impacto que han tenido en las comunicaciones e interacciones sociales. Han roto todo tipo de barreras físicas. Han formado un medio estupendo para el reencuentro entre familiares y amigos que se encuentran en todo el mundo, y han permitido cultivar un mayor conocimiento y cercanía. Optimizan la conexión entre las personas.

Las redes también han llegado a constituir un vehículo importante de participación ciudadana para reconocer, vigilar, denunciar y opinar en todo momento sobre el ejercicio del poder en todas las estructuras de la sociedad, principalmente entre los actores políticos y funcionarios. Con el alcance exponencial que tienen, la denuncia social rápidamente se vuelve viral, influye en la opinión pública, en la imagen, aceptación o repudio de funcionarios e instituciones y, en algunos países, se han utilizado para convocar manifestaciones populares que han tenido gran transcendencia y repercusiones.

Para las empresas, las redes les han provisto un recurso valioso para tener una mayor interacción con sus consumidores, para conocer mejor sus necesidades y saber cómo valoran sus productos y servicios. Se ha llegado a reconocer que las empresas que no utilizan las redes poco a poco se irán quedando rezagadas, con grandes riesgos de desaparecer.

Por las grandes ventajas y beneficios que tienen, las redes han creado un mundo en que estar conectado se ha vuelto vital. Sin embargo, poco a poco se empieza a crear conciencia de que hay factores que es necesario corregir y mejorar en su uso y funcionamiento para evitar efectos perjudiciales, que muchos análisis han demostrado tienen en el comportamiento individual y social. En la película/documental "El dilema de las redes sociales" que salió en febrero del año pasado, ejecutivos que ocuparon cargos importantes en las empresas creadoras de las principales redes explicaron cómo su funcionamiento tiene algunos efectos nocivos, y tienden a generar delicadas distorsiones en todos los ámbitos de una sociedad.

Uno de los puntos más importantes es la adicción que provocan. Los mecanismos que tienen para capturar y mantener la atención de los usuarios han llegado a crear una dependencia tal que han llegado a llenar un vacío de las personas para sentirse reconocidas, aceptadas y valoradas. Explotan una vulnerabilidad de la psicología humana, y hacen proclives a las personas a ser manipuladas, y que lleguen a modificar hábitos, patrones de conducta, y hasta preferencias electorales cuando los políticos llegan a conocer y dominar su capacidad de persuasión.

Otro elemento delicado, y que se ha venido analizando y comprobando a lo largo del tiempo, es que se han venido utilizando para divulgar noticias falsas, para manipular y generar desinformación y para desprestigiar, difamar y desacreditar personas e instituciones y hasta procesos electorales como hizo el expresidente Donald Trump en los Estados Unidos.

La invasión del Capitolio de los Estados Unidos por turbas de fanáticos enardecidos por los mensajes del expresidente ha sido la manifestación más significativa del efecto perturbador que tienen las redes. Twitter y Facebook lo reconocieron al cancelar sus cuentas siendo todavía presidente aduciendo que violaban sus normas de conducta. Sin embargo, el mundo estará expuesto a que estas situaciones se repitan porque Trump no es el primero ni será el último gobernante con perfil ego maniático que manipule la información para mentir, confundir y provocar a sus ciudadanos con noticias falsas y mensajes que generen odio y división en la sociedad.

La agresiva irrupción y masificación de las redes sociales tomó desprevenido al mundo. Tiene que llegar el momento en que las legislaciones y los sistemas de justicia se adapten para que administradores y usuarios observen y cumplan las normas para que promuevan una sana convivencia, tal como sucede en el mundo real. No se trata solo de reaccionar para tranquilizar conciencias como hicieron con el expresidente Trump, sino de establecer procesos para prevenir su mal uso por parte de gobernantes, funcionarios y ciudadanos de toda clase y condición.

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  • redes sociales
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