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La triste "reforma constitucional" y su inconstitucionalidad

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La triste "reforma constitucional" y su inconstitucionalidad

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La reforma de la Constitución se ha convertido en tema de discusión política, cuando el vicepresidente Ulloa anunció que el 15 de septiembre presentaría al presidente su anteproyecto, calificándolo no solo como "reforma" sino que ella "establece los nuevos fundamentos" de la democracia. En esta entrega trataré el caso de su "tristeza" y en una nueva entrega abordaré su "inconstitucionalidad".

El vicepresidente ha encontrado un cúmulo de tropiezos desde el inicio de su tarea, cuando los juristas invitados se negaron a participar en la comisión y el Vice tuvo que recurrir a abogados desconocidos, lo que le ha obligado a mantener un bajo nivel ante la ciudadanía.

Ahora los obstáculos que enfrenta son internos y externos: su anuncio ha generado una lluvia de protestas y críticas no solo sobre su contenido sino también sobre el método oscuro de su desarrollo, que, si bien refleja la política del actual gobierno de puertas cerradas a la ciudadanía, tratándose de un cambio tan importante para todos los habitantes es inaudito. Los ataques vienen de los más diversos sectores de la sociedad civil, de los medios de comunicación independientes, de reconocidos constitucionalistas y de la masiva protesta popular contra el gobierno del 15 de septiembre que se expresó en pancartas, eslóganes y discursos.

Lo más grave para Ulloa y sus abogados es que su jefe, el presidente de la República, se ha unido a la oposición a su propuesta, quien ha rechazado su texto públicamente por medio de declaraciones y mandatos.

La reforma incorpora aperturas a legalizar el aborto, el matrimonio del mismo género y la eutanasia, y lo hace con la clara intención de atraer a su redil a sectores que hoy se ubican en la oposición: mal cálculo, pues fue suficiente una declaración de la Conferencia Episcopal Católica condenando las aperturas, para que el presidente lanzara una rotunda condena a las aperturas mencionadas. La segunda es aún más grave: la reforma propone que basta un periodo presidencial para que un expresidente pueda presentarse a reelección, y no los dos periodos que actualmente se exigen. Lo que no calculó y supongo no consultó con el presidente si podía esperarse 5 años. Para cualquier abogado con un ínfimo grado de olfato político es evidente que esta espera no cabe en la estrategia del presidente de mantenerse en la presidencia los próximos decenios (lo afirman personas que han colaborado con su gobierno y públicamente lo proclaman sus tuiteristas); el presidente cortó por lo sano ordenando a los 5 magistrados usurpadores de la Sala de lo Constitucional que, rompiendo con toda una histórica tradición de no permitir la reelección inmediata del presidente, resolvieran que es constitucional prolongar la estadía del presidente ad infinitum y sin interrupciones, y, para sellar la maniobra, le ordenó a 4 de los 5 magistrados del Tribunal Supremo Electoral que declararan, pocas horas después, su acatamiento de la sentencia, a pesar de que es evidentemente inconstitucional y por tanto nula, o sea, están dispuestos a aceptar la candidatura del Sr. Bukele para el próximo periodo presidencial. Los funcionarios responsables de este atropello a la Constitución son: la magistrada presidenta propuesta por GANA, los dos magistrados propuestos por la Corte Suprema de Justicia y el propuesto por ARENA demostrando su sumisión a la voluntad del presidente; solo el magistrado Oliva, propuesto por el FMLN, quien no fue consultado públicamente, denunció la ilegalidad de esta declaración.

Un somero análisis de esta tragicomedia para la Comisión de la Reforma y el vicepresidente nos permite descubrir dos graves tendencias que van más allá de lo analizado, pero que convierten a este en un caso ejemplar: la primera es un retrato del nivel de centralismo enfermizo que caracteriza al gobierno actual y su sujeción a la improvisación como política del presidente; evidenciando que a la Comisión la dejaron hacer lo que ella quería y que ni el presidente ni el equipo de Casa Presidencial tenían la menor idea de lo que la Comisión estaba cambiando y que esta estaba actuando sin acceso a Casa Presidencial, al grado que tuvo que ser la declaración de los obispos la que les abriera los ojos. La segunda es muy breve, lo que le ha pasado a la Comisión me trae a la mente el viejo refrán de nuestros antepasados: "Mal paga el diablo a quien bien le sirve".

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Tags:

  • reforma constitucional
  • Ulloa
  • aperturas
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