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La última gracia: Quieren volver semántica la crisis diplomática

Trivializar lo que pasa con una declaración ocurrente es característico del gabinete, de los parlamentarios y de los pasapapeles que Bukele tiene en la Corte Suprema. A veces por estrechez mental en el análisis, a veces porque la posición que se defiende no goza de argumentos y a veces porque la narrativa oficialista necesita encontrar nuevas trincheras y enemigos. Pero cuando los efectos de esa ponderación deficiente serán profundos y transversales a la nación, hasta los funcionarios más serviles al régimen deberían repensarlo y exhibir algún grado de responsabilidad con sus deberes. Indudablemente, la administración sufre de parálisis. No sabe cómo avanzar en materia económica, fiscalmente se entiende emproblemada, y no falta mucho para que el desplome del precio de los bonos soberanos también le pase factura.

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Nueva línea en la narrativa oficial: las relaciones con Estados Unidos están en un buen punto y lo informado por Jean Manes, encargada de negocios de aquel país en El Salvador, sobre la pausa en la que se encuentran la diplomacia norteamericana y la cuscatleca, fue un error semántico.

El presidente de la Asamblea, Ernesto Castro, aventuró ayer ese argumento imposible, en una de sus seguramente varias presentaciones públicas en las que intentará hacer las veces de bombero para matizar lo que no admite matices: la escalada antidemocrática de Bukele ya exhibe daños tangibles afuera del país.

Manes adelantó algunas de sus opiniones pero no en todos los países la diplomacia se construye a partir de las ocurrencias, apetitos y fruslerías que caracterizan al staff de GANA y Nuevas Ideas. La consideración pobre que desde Washington se hace acerca de Bukele y sus escuderos quedó clara hace pocos días, cuando trascendió que Joe Biden no incluyó al mandatario salvadoreño entre los invitados a una Cumbre virtual por la Democracia, a efectuarse en diciembre.

El mandatario salvadoreño entró a otra lista, la de los funcionarios mal vistos por la administración estadounidense, y ahí se codea con Daniel Ortega, Nicolás Maduro y Juan Orlando Hernández, entre otros estadistas considerados dictadores o corruptos.

Trivializar lo que pasa con una declaración ocurrente es característico del gabinete, de los parlamentarios y de los pasapapeles que Bukele tiene en la Corte Suprema. A veces por estrechez mental en el análisis, a veces porque la posición que se defiende no goza de argumentos y a veces porque la narrativa oficialista necesita encontrar nuevas trincheras y enemigos. Pero cuando los efectos de esa ponderación deficiente serán profundos y transversales a la nación, hasta los funcionarios más serviles al régimen deberían repensarlo y exhibir algún grado de responsabilidad con sus deberes.

Indudablemente, la administración sufre de parálisis. No sabe cómo avanzar en materia económica, fiscalmente se entiende emproblemada, y no falta mucho para que el desplome del precio de los bonos soberanos también le pase factura. El precio de esos bonos ya superó negativamente lo sufrido durante el encierro pandémico, pero ahora, a la realidad sanitaria agregará el efecto de la declaración del Fondo Monetario Internacional, la fragilidad diplomática, la incertidumbre jurídica y la cripto locura. Sólo falta que las proyecciones de un aumento del 2.5 por ciento de la inflación estadounidense el próximo año y su efecto sobre el dólar se concreten para sufrir una tormenta perfecta.

¿Por qué parece que en el gobierno algunos sí están interesados, quizá hasta preocupados por lo que pasa, y otros están ausentes o enfrascados en emprendimientos y odiseas de negocios? Acaso la explicación sea sencillamente que unos pocos creen en el servicio público, algunos más no están ahí para servir a la nación sino sólo a la cúpula que les ha alquilado una oficina, y los más importantes sólo desean aprovechar el quinquenio para enriquecerse. Sí, igual que en las administraciones de ARENA y del FMLN, pero con la distinción de que los negocios de la cúpula son de tal índole que requerían dañar la funcionalidad del Estado, el orden constitucional y ahora se están cobrando las relaciones diplomáticas.

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