"Lonra"

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Florent Zemmouche - Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Hay voces que se escuchan más que otras en el panorama mediático del país. Y no siempre son las más interesantes. Detrás de los numerosos alborotos que se crean y que funcionan como cortinas de humo disfrazadas de bitcóin, se esconden los verdaderos problemas del país: la violencia, las desapariciones, la pobreza. En una palabra, la realidad. Y se ahogan las voces que buscan mostrarla. Dentro de esas voces silenciadas y olvidadas están las de nuestros artistas que necesitamos ahora más que nunca.

Albert Camus decía que solo los artistas saben mirar. Es efectivamente esa mirada diferente, original, inocente, o falsamente inocente, que busca la inocencia en el sentido de la primera vez para siempre volver a descubrir. Eso es lo que hace la mirada del artista. Y es aún más necesaria en una sociedad donde lo extraordinario se vuelve ordinario; es por la mirada que se vuelve ordinario, mediante un proceso de normalización y por ende, de banalización. Banalización de los asesinatos, de las desapariciones, de las violaciones. Y a pesar de todo, paradójicamente o no, se entiende. Pues no queda otra: hay que vivir o sobrevivir, por lo cual le toca a uno acostumbrarse, adaptarse a la muerte, y caminar entre las armas, los cadáveres, siguiendo sombras y fantasmas, embalsamado en un espantoso olor a sangre.

Nuestra capacidad de adaptación es enorme; según las realidades, podemos acostumbrarnos al ruido desagradable de una máquina o a una migraña permanente, como a la detonación de disparos y de bombas que resuenan a la esquina de la calle. Pero no es porque toda una sociedad puede acostumbrarse a lo peor para sobrevivir, que este peor se vuelve normal. Nunca lo será. Y para eso están los artistas, los que están para mirar de manera diferente, para no olvidar, para retratar y destacar, para contar, cantar y denunciar todo eso que se llama normalidad.

Así un Jorge Galán desnuda nuestro pasado, y un Horacio Castellanos Moya nos desnuda a nosotros en nuestra esencia e identidad. Así un Roque Dalton condena a gobiernos. Un Alberto Masferrer retrata a la sociedad salvadoreña, con sus costumbres e injusticias. Un Salarrué cuenta nuestro barro, en "La Honra" por ejemplo, que tiene una excelente representación cinematográfica, "Lonra", gracias al valioso trabajo de Paola Miranda, Jeremías Gutiérrez, Marlén Viñayo y la Asociación Cultural Azoro. Se reactiva y representa el cuento sin quitarle su terrible poder de sugerencia, manteniendo el injusto protagonismo del Tacho que encarna la mirada inocente, la del narrador, del cuentista, de Salarrué, del niño, del hermanito de la Juanita, que fue violada. Al centro de todas estas obras está siempre la violencia.

Por eso hay que leerlas, sobre todo ahora que se busca desviar nuestra mirada. Por eso hay que apoyar los proyectos culturales en el país. Hay que apoyar Nave Cine Metro que asocia la forma y el contenido, al buscar renovar un cine abandonado en el Centro Histórico de San Salvador para proponer un espacio cultural abierto y accesible a todos. Hay que apropiarse de la ciudad también por el arte; hacerlo en San Salvador es construir un horizonte esperanzador. Por eso, ayudando y donando, hay que hacerse tripulante de esa bella Nave que hace viajar del pasado hacia el futuro, por todo el país, con toda la gente, para avanzar y mejorar. Estas sí son nuevas y buenas ideas, de verdad.

Tags:

  • Lonra
  • sobrevivir
  • realidad
  • artistas
  • adaptación
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