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Los devastadores efectos de la depresión y de la crisis económica mundial en las pequeñas economías de Centroamérica. ¿Qué hacer? (I)

La depresión y crisis económica internacional tendrán efectos devastadores en Centroamérica.

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Alberto Arene

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Las pequeñas economías de Centroamérica enfrentarán la pandemia económico-financiera y social que se avecina como resultado de la depresión y crisis económica mundial entrante. La recesión de 2008-2009 que vino de afuera nos dejó muy debilitados, con severas caídas de la producción y el empleo; de las remesas familiares, las exportaciones, las importaciones y los ingresos fiscales; aumentando el desequilibrio y precariedad de las finanzas públicas, el endeudamiento privado y público y su relación con la producción de bienes y servicios, el riesgo país y las calificaciones de riesgo, presionando al alza los tipos de interés. La que viene será mucho peor, viniendo primero de adentro e inmediatamente después de afuera, con mucha más fuerza y con efectos múltiples acumulativos, no solo por la contracción económica de nuestras pequeñas y frágiles economías y de su significativo comercio intrarregional, sino, aún más, por los efectos de la gran depresión y de la crisis económica mundial.

Las proyecciones de la caída de la producción en Estados Unidos para el primer semestre superan el 15 % mientras el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, advierte que la tasa de desempleo pudiera llegar a superar el 20 %, el doble del nivel más alto en la pasada crisis financiera. El mejor escenario predice una caída mayor que entonces pero más corta, regresando a un crecimiento positivo en el último cuarto del año. Como lo afirman varios economistas, ni en la gran depresión de 1929-34 y en la Segunda Guerra Mundial la actividad económica se desplomó tanto como ha sucedido simultáneamente en China, Estados Unidos y Europa, principales motores de la economía mundial.

Una década después de la recesión de 2008-2009, la debilidad y vulnerabilidad económica y fiscal-financiera de las economías centroamericanas es mayor: la inversión y el crecimiento han disminuido, mientras la deuda privada y pública han aumentado, sin poder posponer el ajuste fiscal que los últimos tres presidentes evitaron, heredándoselos a los siguientes en condiciones cada vez peores, como es el caso de los países más endeudados, El Salvador y Costa Rica, con finanzas públicas insostenibles. Dicha condición coincide con el cierre de las migraciones hacia Estados Unidos -la válvula histórica de escape del norte de Centroamérica: Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua- y el debilitamiento económico de los Estados y de las familias que dependen aún más de las remesas familiares que se contraerán irremediablemente, y que en El Salvador superan el 20 % del PIB y financian totalmente el enorme déficit comercial y buena parte del déficit de las familias.

En estas precarias condiciones, la depresión y crisis económica internacional tendrán efectos devastadores en Centroamérica, contrayendo las economías, el empleo y los ingresos de las familias, las empresas y el Estado, disparando las deudas privadas y públicas y el costo de financiarlas, conduciendo a la quiebra a miles de pequeñas y medianas empresas, y a varias grandes, incluidos algunos bancos, mientras debilitará los sistemas públicos de seguridad social, y los sistemas privados de pensiones, agudizando la pobreza y la crisis social y de gobernabilidad.

Frente a semejante perspectiva de corto y mediano plazo ¿qué se puede hacer? Intentaremos responder en las siguientes dos columnas de esta serie de tres.

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