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No entreguemos la patria

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Roberto Montoya Argüello - Médico, colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Los salvadoreños no nos dejamos vencer por fuerzas externas ni por fuerzas internas. La vocación de libertad está en nuestros principios. A veces tardamos un poco en salir adelante pero nada detiene nuestro impulso hacia el ideal de ser libres de pensamiento, palabra y obra. Es por eso que estas líneas surgen como una reflexión necesaria pues se avecina un evento electoral de mucha trascendencia para nuestra vida cívica.

El clima político está enturbiado por varias cosas, como la falta de propuestas, el ahogo económico de los gobiernos locales, la matonería, el cinismo para mentir impunemente con frases que la población sabe perfectamente que son falsas y a veces calumniosas; la violación flagrante y constante de la ley electoral por parte precisamente de quienes deben dar el ejemplo cumpliendo el juramento que hicieron al tomar posesión de los cargos que ostentan.

Falta de propuestas: es vergonzoso escuchar a candidatos para ser diputados, precisamente los encargados de elaborar el marco legal por el que se rige nuestra vida cívica, cuando expresan que su propuesta es acuerpar los dictados del jefe del Ejecutivo. Tal actitud evidencia que sus cerebros –de pajaritos, con perdón de los pajaritos– están no solamente carentes de ideas sino que no han comprendido que están optando a uno de los tres Órganos del Estado salvadoreño y que por tanto no deben plegarse a ninguno de los otros dos.

La ley electoral se viola desde que se inicia la campaña de forma anticipada, hasta que funcionarios como el presidente y otros de sus funcionarios hacen propaganda e invitan al voto por el "partido del presidente". ¿El partido del presidente es GANA o Nuevas Ideas o abiertamente son una misma cosa? Y así actúan también los otros minúsculos adláteres que se suman al concierto disonante del totalitarismo en ciernes.

Por muchos años, dolorosas experiencias de una sangrienta guerra civil se vivieron precisamente para evitar que el poder se concentrara en el Ejecutivo. En ese marco, el pueblo salvadoreño escribió gestas gloriosas de patriotismo cuando acudimos a las urnas bajo amenazas de muerte, bajo el zumbido de las balas y el tronar de los disparos, con la carne quizás temblando bajo nuestra ropa pero convencidos de que la voz del pueblo debía ser escuchada. Todo esto no fue una farsa sino páginas de nuestra historia escritas con sangre y sufrimientos, y al final, se encontró la paz que después se mancilló por la falta de autoridad al dejar el control del territorio bajo el poder de las pandillas (¿con pactos?) que hasta el momento acosan a los ciudadanos decentes.

La única forma de salvar a nuestra patria es acudir a las urnas el próximo 28 de febrero. El cómodo abstencionismo electoral es el culpable si las figuras electas nos llevan por derroteros absolutistas. Estoy absolutamente convencido de que si todos acudimos a las urnas y ejercemos el voto con conciencia cívica podemos dar un revés al pretendido totalitarismo. Salvemos a nuestra patria.

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