Nuevas cepas y viejos errores en el combate de la pandemia

El gobierno necesita ejes de acción gruesos que no dependan de los indicadores de nuevos contagios ni de muertes, y medidas de contingencia cuya gradualidad y severidad sí esté relacionada con esos índices. Pero diseñar una política con esas características, con planes de acción sofisticados y precisos, nunca debió ni debe ser materia de albedrío político sino científico y médico. Las fronteras salvadoreñas están abiertas de par en par, pese a lo que está ocurriendo en el mundo; si no hay criterios así de sólidos y una discusión amplia que alimente la estrategia, puede que se reaccione demasiado tarde.

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En el escenario pandémico, nada está más claro que la ausencia de manuales. Entre restricciones a la circulación, aperturas y cierres de fronteras, controles en los aeropuertos y programas de vacunación con importantes variaciones, cada gobierno ha lidiado con la crisis sanitaria al mismo tiempo entendiendo, previendo y equivocándose.

Denominador común en muchos países han sido las críticas a la reserva celosa de la información, el ingente esfuerzo científico por contrarrestar la epidemia de desinformación y falsedades disfrazadas de noticias y la corriente antivacunas, que sigue gozando de crédito pese a su saldo mortal.

Otra constante en la actuación gubernamental en los cinco continentes ha sido la reactividad. Donde la ciencia y la medicina descubren, la política y la administración pública sufren y reaccionan. Tal es el caso con la nueva cepa del virus, la variante ómicron, a la que la Organización Mundial de la Salud ha declarado "de preocupación" porque puede estar asociada a un mayor riesgo de infección, si bien no hay todavía información que respalde esa afirmación. Pese a que no existen pruebas de que la enfermedad causada por la ómicron sea más grave y a que aún se ignora la rapidez con que puede transmitirse de una persona a otra, ya hubo una respuesta internacional: varias naciones europeas así como Estados Unidos y Canadá han prohibido el ingreso de vuelos procedentes de Sudáfrica y otros países de África.

Sólo son medidas paliativas. Al menos 10 países de la Unión Europea ya han confirmado casos de la nueva mutación.

Ante un escenario así de volátil, en un mundo en el que unas pocas naciones acumulan un porcentaje abrumador de la investigación médica, ¿qué debe hacer un gobierno como el salvadoreño, en la periferia del avance científico pero muy cerca de uno de los grandes centros comerciales y de movimiento migratorio como Estados Unidos? ¿La temporada comercial y la posibilidad de que su intensidad rehabilite las esperanzas de diversos sectores económicos golpeados todo este año debe influir en las decisiones sanitarias? ¿Restricciones a la movilización y al tránsito internacional de pasajeros serían convenientes pese a la eventual depresión a la economía?

No son decisiones fáciles, pero tomarlas a partir de los vaivenes de la pandemia las vuelve más difíciles porque el margen de error es amplio. Ese margen sólo puede reducirse si el instrumento en el que se debate y aborda la crisis incluye todo el conocimiento disponible en el país, sin las exclusiones que desde el mundo ideológico contaminan lo que debería ser el espacio de discusión más relevante en El Salvador.

La pandemia afecta la política económica, el desarrollo de los planes académicos, el fortalecido mercado de servicios, el empleo informal, etcétera. El gobierno necesita ejes de acción gruesos que no dependan de los indicadores de nuevos contagios ni de muertes, y medidas de contingencia cuya gradualidad y severidad sí esté relacionada con esos índices. Pero diseñar una política con esas características, con planes de acción sofisticados y precisos, nunca debió ni debe ser materia de albedrío político sino científico y médico.

Las fronteras salvadoreñas están abiertas de par en par, pese a lo que está ocurriendo en el mundo; si no hay criterios así de sólidos y una discusión amplia que alimente la estrategia, puede que se reaccione demasiado tarde o que se ataque un efecto cuando las causas ya se hayan manifestado de otra manera.

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