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Oportunidades perdidas en una campaña con sabor a confrontación

El oficialismo ha caído en el mismo sitio pero por razones diferentes. Sin programa de gobierno, sin ninguna idea que supere los eslóganes de "los mismos de siempre" y el ataque a toda la institucionalidad, y aún teniendo que pescar en el mismo gabinete para tener algunos rostros un poco familiares que ofrecerle al electorado, Nuevas Ideas no ha tenido más remedio que convertir la elección en un referendo sobre el presidente.

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La Prensa Gráfica

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Un mes después del inicio de la campaña para diputados, debe reconocerse con decepción que el histrionismo, la descalificación y el envoltorio son los principales insumos para que los electores se formen una opinión.

Esta pobreza en la oferta electoral no tiene que ver con el aumento diametral del consumo de contenidos digitales, que habría obligado a la mayoría de candidatos a pensar en estrategias con las redes sociales como corazón y centro. Tiene que ver con una deficiencia en la dinámica de los partidos políticos, al verticalismo que continúa imponiéndose como tendencia al seno de esos institutos y, en el caso del oficialismo, a consideraciones estratégicas.

Una factura que a la fecha continúa pasándole factura a ARENA y al FMLN es la dinámica a la que se acostumbraron durante los años de su mayor suscripción, en los que conformaron el principal volumen de su base y de su padrón. Por su raigambre y por el ambiente orgánicamente polarizado y maniqueo en el que se formaron, amén de por la cultura castrense de la cual se nutrieron, el funcionamiento de ambas fuerzas fue vertical durante muchos años.

Diseñado de ese modo, había poco espacio para la discusión, el revisionismo y el contraste; la primera consecuencia de esa parálisis fue el avejentamiento de las ideas y la segunda, la pérdida de influencia política efectiva que llegó de modo acelerado al final de la década anterior. La renuencia a producir nuevo contenido político dominó la adultez de ambos institutos; los relevos se tardaron en llegar, y en coyunturas que demandaban ser más intrépido, sólo se efectuó una sucesión, no una renovación.

Esa deficiencia de contenido es la que ahora empuja a candidatos y candidatas de ambos partidos a realizar una campaña en la que hay demasiada abstracción; sólo una minoría de los aspirantes parecen tener los pies anclados en la coyuntura tan delicada que enfrenta el país.

El oficialismo ha caído en el mismo sitio pero por razones diferentes. Sin programa de gobierno, sin ninguna idea que supere los eslóganes de "los mismos de siempre" y el ataque a toda la institucionalidad, y aun teniendo que pescar en el mismo gabinete para tener algunos rostros un poco familiares que ofrecerle al electorado, Nuevas Ideas no ha tenido más remedio que convertir la elección en un referendo sobre el presidente.

Así, la falta de discurso de sus cuadros pasa a un segundo plano y la comunicación puede reducirse a repetir los insultos y descalificaciones que Bukele ha hecho su marca de fábrica. Y a eso se han dedicado, una retórica de incordio y crispación que los aspirantes de sus satélites GANA y Cambio Democrático han retomado. El efecto que eso pueda tener en el caudal de votos del partido en el gobierno y si su estrategia de mimetizarse con Nuevas Ideas le jugará a favor o en contra es una incógnita.

Consideraciones tácticas aparte, la campaña parece ser una oportunidad perdida para la sociedad; nada le caería mejor a la salud de nuestra democracia que un esfuerzo por debatir, por llevar a la mesa política los problemas más acuciantes de la pospandemia, pero algunos no han podido y otros no han querido.

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