Síndrome Libio-Pipil

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José Afane - Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Diez años del levantamiento en contra del dictador Muamar Gadafi no significaron el fin de la guerra en Libia, sino el punto de partida de un conflicto que ha durado diez años más y contando. Gadafi pagó los platos rotos con su propia vida, asesinado a quemarropa por milicianos. Esto fue en 2011, y 10 años más tarde, un nido de víboras corruptas lucha por afianzarse en el poder.

Gadafi, al igual que ya saben quién, también se peleó con Estados Unidos, y convirtió a Libia en refugio seguro para terroristas. Con un ejército fiel al dictador, neutralizó la oposición y controló la resistencia popular con extrema dureza, hasta que apareció la OTAN. Cuando quiso suavizar su postura anti “imperialista”, ya era demasiado tarde. 10 años después de su muerte, Libia, un país rico en petróleo, sigue sin liderazgo progresivo pues la mayoría de su población solo cuenta con instrucción básica.

Veo en El Salvador un copy paste de Libia; con un “macho sin dueño” de presidente; una bala perdida, enfermo por el poder, que dispara sin apuntar y engaña a las masas con las mentiras y la sobre propaganda del populismo. Con un ejército fiel al presidente, listo para reprimir al pueblo tan pronto llegue la orden; con relaciones diplomáticas precarias con EUA, y una oposición arrinconada, unos felicitando a Ortega por su “legítima” victoria, y otros, ahora del lado de Mauricio Funes solo porque es enemigo de Bukele.  Así de mal estamos.

Tanto en Libia como en El Salvador se habla de “transición democrática”: En Libia, el candidato predilecto para asumir el poder, financiado por Rusia, es nada más ni nada menos que el hijo de Gadafi. En El Salvador, solo los ingenuos piensan que habrá relevo democrático en 2024.

Tanto en Libia como en El Salvador se habla de “derechos humanos”. En Libia abundan los presos políticos, y los opositores que no están presos son acusados de ser ladrones sin derecho a defensa. En El Salvador, también contamos con presos políticos, y los que no están presos son acusados de ser ladrones sin derecho a defensa. Libia está mucho peor que en los tiempos del dictador. El Salvador se pondrá mucho peor en los tiempos del dictador.

Los salvadoreños no podemos permitir vernos en el espejo libanés. Señores políticos de oposición, que no hacen Patria, y no van a apoyar una democracia limpia, ¡apártense! Usted que se dice opositor, pero aparece en listados de corruptos, ¡apártese! Gallegos y compañía, ni chicha (oposición) ni limonada (políticos con visión), ¡apártense! Dejen que nazca una nueva política, limpia y propositiva.

La mayoría de los salvadoreños no estamos de acuerdo con políticos de antaño, mucho menos si tienen manos peludas. En lo que sí estamos de acuerdo es en que debemos salir a trabajar para llevar sustento a nuestro hogar.

A la mayoría de los salvadoreños nos vale sorbete el bitcóin. Lo que no nos vale POPS es que nuestros hijos salgan adelante. Tampoco estamos de acuerdo en un hospital para chuchos, ni biblioteca, ni ruedas en el puerto, cuando tenemos tantas deficiencias en los hospitales y en las escuelas.

Estamos fritos. Aunque removamos al dictador pipil, no saldremos adelante, pues estamos rodeados por un nido de víboras y, venga quien venga, se seguirán peleando la guayaba como en Libia, y seguiremos buscando grama más verde fuera de nuestras fronteras.

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