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Tacos

Esos primeros días en la vida de Luis fueron el anticipo de un camino salpicado de adversidades.

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Julio Rodríguez - Periodista

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Preparar tacos y tortas solo es uno de los oficios de los muchos que Luis ha tenido que aprender a lo largo de los años, esos que comenzaron mal. Muy mal. Una tía le contó que por largas horas durante el día permanecía en una caja de cartón en el corredor de un mísero mesón ubicado en un barrio capitalino. Desnutrido, con una parasitaria barriga y con solo seis meses de vida fue regalado a una samaritana familia de la zona.

Esos primeros días en la vida de Luis fueron el anticipo de un camino salpicado de adversidades que lo pasó por el fuego, como el que cocina la carne de un taco para lograr su punto máximo de cocimiento y sabor, pero que cada día, el taquero trata de mejorar. Eso es él, un hombre que, a pesar de todo, la vida solo ha logrado ponerlo de rodillas, una posición que la ha usado para orar y tomar impulso para levantarse.

Más de algún periodista de la época de la guerra civil en El Salvador o un exfuncionario lo recuerda como un salvadoreño servicial, socorrista, trabajador, preocupado por la comunidad, las personas y siempre dispuesto a sumar sus fuerzas a causas humanitarias.

En esos ámbitos conoció y saludó artistas, presidentes y connotadas personalidades. Interactuó con soldados y guerrilleros por su labor de socorrista. Tanto destacó que fue invitado a la Casa Blanca para estrecharle la mano al presidente de una de las naciones más poderosas del mundo, Estados Unidos. Luis saludó a George Bush padre, como un reconocimiento que el gobierno estadounidense hizo a su labor voluntaria con la Cruz Verde Salvadoreña, institución a la que en esos días donaron 10 ambulancias nuevas.

Por decisiones personales o inexplicables cosas de la vida, los seres humanos tenemos que enfrentar las consecuencias de nuestras acciones para bien o para mal, desgracias o alegrías. Luis perdió la oportunidad de obtener un título universitario, se sumió un tiempo en el alcoholismo y drogas y, estuvo en prisión 12 de los 63 años que ahora tiene.

Luis pagó con cárcel una acusación por estafa que, asegura, el juez no quiso resolver en una conciliación en la que se disponía del dinero para responder por el problema en el que un socio le había metido. Hace algunos años salió libre convertido en un hombre más creyente y dispuesto a reinsertarse en la sociedad, lo que ha sido difícil, muy difícil. El sistema penitenciario no garantiza eso, pues tampoco la sociedad está preparada. Esas personas son vistas con desconfianza por muchos y otros pocos creen en su cambio.

Hacer tacos y tortas para Luis le resultó conveniente, pues un familiar se decidió apoyarlo e instalaron un carro-cocina. Tiene buen aspecto y parece gustarle a mucha gente. De hecho, él podría convertirse en el propietario, pero un nuevo golpe llegó. La pandemia. Así que hoy está de nuevo cuesta arriba, pues no se vendió en meses y es necesario invertir.

Como miles de micro y pequeños empresarios, él espera resolver con el apoyo de las instancias gubernamentales que anuncian compromisos con este sector.

Luis replanteó su fe en la cárcel, donde fue probada con fuego, y por eso está confiando en Jesús dice, con quien se reencontró en las solitarias y terribles noches de prisión, pero también mantiene una actitud proactiva haciendo tacos y tortas, mientras se cocina el milagro de un financiamiento y así seguir poniéndole salsa a una vida que comenzó mal, pero que podría ser el taco del estribo para un buen final.

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